Mundial
De la clase de Marruecos al milagro de Cabo Verde: el Mundial se vuelve africano
Por primera vez, nueve naciones africanas han alcanzado la fase de eliminación directa de la Copa del Mundo, con Cabo Verde asegurando su lugar tras un empate 0-0 contra Uruguay en Róterdam a primeras horas del sábado. Este hito marca un cambio histórico en la posición del fútbol africano en el escenario global.
El avance refleja un progreso más amplio en el continente, donde la mayor inversión y la influencia de la diáspora africana en Europa están reconfigurando las percepciones. Los expertos señalan mejoras estructurales en la gestión, las instalaciones y las vías de desarrollo de jugadores como motores clave de esta evolución.
La expansión del torneo a 48 equipos también ha contribuido, duplicando el número de participantes africanos en comparación con ediciones anteriores. Esto ha aumentado directamente las posibilidades de clasificación del continente, con naciones como Sudáfrica, Marruecos, Senegal y Ghana entre las que han avanzado.
El periodista Edwin Schoon, quien documentó el fútbol africano en su libro *El poder del balón*, destaca el contraste entre el pasado y el presente. Recuerda el Mundial de 1974, donde Zaire fue el único representante africano y sufrió una derrota por 9-0 ante Yugoslavia, un resultado que durante mucho tiempo moldeó la visión occidental del fútbol africano.
Schoon entrevistó a Ndaye Mulamba, máximo goleador histórico de Zaire en la Copa Africana de Naciones de 1974, quien trabajaba como aparcacoches en Ciudad del Cabo. Mulamba describió la explotación de los jugadores bajo el dictador Mobutu, incluyendo primas impagadas y amenazas vinculadas a los resultados, antes de huir a Sudáfrica tras recibir un disparo en la pierna por una disputa de premios.
La generación actual de futbolistas africanos no enfrenta esos obstáculos, argumenta Schoon. Señala el creciente poder financiero de la CAF, con acuerdos de transmisión lucrativos y alianzas con la FIFA, como catalizador del cambio. "Ahora fluye mucho más dinero hacia el fútbol africano", afirma.
El entrenador belga Tom Saintfiet, quien ha dirigido a múltiples selecciones nacionales africanas, enfatiza el papel de los jugadores de la diáspora en los equipos modernos de África. "El equipo de Marruecos no solo se construye con jugadores nacidos en Marruecos, sino también de Molenbeek, Madrid, Montpellier y Leiden", señala. "Esto aporta diferentes habilidades y experiencias a la selección nacional".
Saintfiet también atribuye las regulaciones más estrictas de la CAF sobre estadios, que exigen que las instalaciones cumplan con los estándares o arriesgan perder la ventaja de jugar en casa. "Gambia ha jugado sus partidos como local en el extranjero durante cinco años porque sus estadios no cumplían los requisitos", dice. "Estas normas obligan a mejorar y hacen más atractivo para los jugadores representar a sus naciones de origen".
La influencia de la diáspora va más allá de Marruecos. Antoine Semenyo, nacido en Londres y ahora delantero del Manchester City, representa a Ghana, mientras que jugadores de ascendencia congoleña —algunos sin vínculos con la República Democrática del Congo— han fortalecido la competitividad de la selección nacional.
Saintfiet cree que el formato ampliado de la Copa del Mundo ha legitimado aún más las ambiciones del fútbol africano. "Antes, los jugadores preguntaban: '¿Qué gano jugando para Gambia o Malí?' Ahora, con más equipos africanos clasificados, la elección es más clara, y el éxito de Cabo Verde demuestra que incluso las naciones más pequeñas pueden competir", señala.
La próxima reedición de *El poder del balón* de Schoon cambiará el enfoque de las dificultades pasadas al progreso del continente. "La narrativa está cambiando", dice. "Ya no se trata solo de sobrevivir, sino de aprovechar las oportunidades".